Especialistas dialogan sobre la herencia africana en nuestro país E-mail

Casi un millón 400 mil personas se reconocen afrodescendientes, afromexicanas o negras en nuestro país. Foto: Rosario Nava.


*** La doctora María Elisa Velázquez señaló que entre más se conozca el vínculo histórico de México con países africanos, más se valorarán los aportes de los afromexicanos

*** Acompañada del catedrático José Antonio Piqueras, la charla marcó el cierre del evento académico organizado en el marco del Día de África

 

“Nuestro país es poseedor de una herencia africana poco estudiada, en la medida en que ésta sea reconocida, mejor se comprenderán las relaciones que nos unen con el continente africano y se valorarán las aportaciones de las miles de personas que arribaron de manera forzada durante el periodo colonial”, manifestó la doctora María Elisa Velázquez, titular de la Coordinación Nacional de Antropología (CNAN), al participar en uno de los eventos académicos organizados por la Secretaría de Relaciones Exteriores, el INAH y la Biblioteca Vasconcelos, en el marco de actividades alusivas al Día de África.

 

Al dictar la conferencia Poblaciones afromexicanas: estereotipos y hechos, en la Biblioteca Vasconcelos, la antropóloga del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) añadió que es necesario que los mexicanos conozcan de manera íntegra la historia para poder entender quiénes somos en la actualidad, con ello, se generarán sociedades más equitativas, democráticas y respetuosas de la diversidad.

 

“A pesar de los tabúes y el silencio que hay en torno a la herencia africana en México, la última Encuesta Intercensal 2015, del INEGI, señala que casi un millón 400 mil personas se reconocen como negras o  afromexicanas en nuestro territorio. La mayoría se ubican en Oaxaca, Guerrero, Veracruz, Estado de México y Ciudad de México, aunque también en otros lugares hay presencia, como Múzquiz, Coahuila”, precisó.

 

Quien fuera presidenta del Comité Científico del Proyecto Internacional La Ruta del Esclavo de la UNESCO por varios años, manifestó que las y los africanos y afrodescendientes fueron decisivos en la construcción económica, social y cultural de nuestro país desde el siglo XVI.

 

“La primera gran aportación de las personas africanas venidas a México es la económica, no se puede entender ésta desde el siglo XVI hasta el XIX, sin la participación de la mano de obra de los miles de africanos en la minería, ganadería, haciendas cañeras, el servicio doméstico y la milicia”, precisó.

 

Se tiene el cálculo —dijo—  que durante la Colonia alrededor de 250 mil mujeres, hombres y niños provenientes de África Occidental y Central arribaron por los puertos de Veracruz y Campeche (ruta del Atlántico), y por Acapulco, en el Pacífico, sin contar aquellos que ingresaron vía contrabando. De los puertos eran desplazados hacia la Ciudad de México para después ser distribuidos a distintas regiones del sur y norte de la Nueva España.

 

El trabajo de ellos fue importante en diversas actividades, como herreros, sastres o agricultores, pero también en las artes, el ejemplo claro es Juan Correa, uno de los pintores barrocos más relevantes de finales del siglo XVII y principios del XVIII.

 

Por su parte, José Antonio Piqueras, catedrático de la Universidad Jaime I, en la ciudad de Castellón de la Plana, España, comentó que África sufrió por mucho tiempo un tráfico forzado de personas esclavizadas que asciende de 12 a 14 millones en total, en un periodo que va de 1501 a 1867.

 

“Históricamente se manejan cifras distintas respecto a los que embarcaban y desembarcaban, ya que muchos de los esclavos de África morían en el trayecto. La mayoría eran trasladados al Caribe inglés y en cantidades menores al norte de América y al mundo hispánico”, puntualizó.

 

En su conferencia Comercio transatlántico de personas esclavizadas, el especialista mencionó que uno de los principales  puntos de salida de esclavizados africanos era el Golfo de Guinea, sitio en el que se produjo durante cuatro siglos una relación de intercambio desigual, ya que el ser humano era pensado como mercancía pero no se vendía por dinero, sino que se intercambiaba según su edad y sexo, por el equivalente a armas, pólvora, metales o alcohol.

 

La población —indicó— estaba dividida por edades: el varón adulto que oscilaba entre los 16 y 35 años; el muleque o negrito, de 6 a 12 años, y el mulecón de 12 a 16. La travesía en aquellos barcos conocidos como “negreros” era una práctica de terror de la cual hay registro acerca de la melancolía (la tristeza de seguir viviendo), como una de las enfermedades que mayormente padecieron las personas esclavizadas.      

 

La doctora Velázquez concluyó que se tiene que hablar de la historia de la esclavitud, pero también de aquella capacidad que tuvieron los afrodescendientes para obtener la libertad, acceder a mejores condiciones de vida y la lucha actual por el reconocimiento, “las razas humanas no existen, pero el racismo sí, la idea de que las personas se diferencian y valen más o menos porque pertenecen a un grupo humano en particular, eso es lo que necesitamos combatir”.

 

Entre las actividades por el Día de África (celebrado el 25 de mayo) también se proyectaron los documentales Rutas del esclavo: una visión mundial, del Programa La Ruta del Esclavo; Voces de mujeres de la Costa Chica y Fandango o son de artesa, estas últimas producción INAH.

 

Asimismo, en la planta baja de la Biblioteca Vasconcelos se exhibe hasta el 15 de junio  la exposición fotográfica Lo de candela: afrodescendientes en la Costa Chica de Guerrero y Oaxaca, de los fotógrafos Paulina García Hubard, José Luis Martínez Maldonado y Antonio Saavedra; está integrada por casi una veintena de imágenes alusivas a rostros y vida común de los habitantes de las comunidades de descendientes africanos en la costa suroeste de México

 

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